El 22 de octubre de 2016 el mundo del cómic perdió, a uno de sus dibujantes más especiales. Hablo del gran Steve Dillon, que se fue demasiado pronto dejando un legado no especialmente extenso, y aún así resulta complicado elegir un momento u obra concreta de su carrera. Esto se debe a que su trabajo fue inusualmente sólido para un autor que a pesar de sus orígenes underground, estaba afincado en lo mainstream y producía página tras página sin altibajos y con una coherencia narrativa más propia de un Autor, que de un artesano acomodado a las exigencias y a los ritmos del mercado. A pesar de alcanzar el éxito y llegar al gran público bajo los grandes sellos editoriales norteamericanos, su peculiar grafismo europeo forjado en las páginas de 2000AD jamás se vio comprometido o adocenado. Una serie dibujada por Steve Dillon era garantía de frescura, personalidad y diversión.

El fascinante equilibrio que define su trabajo se construye sobre varias capas de diseño que trabajan en conjunto para ofrecer un dibujo muy atractivo desde un punto de vista méramente estético, pero que nunca resulta efectista o superficial. Es fácil empatizar con los personajes de Steve Dillon al primer golpe de vista, porque bajo su fachada fría y hierática, se oculta un universo visual tremendamente expresivo, gracias en parte a su habilidad innata para convertir su estilo realista (y de sólida base académica), en algo sucio y caricaturesco. Esta inteligente treta estilística también la aplicaba a sus diseños de página, a su narrativa mediante una combinación de lo estático y lo dinámico para generar contrastes y cambios de ritmo, lo cual lo convertía en un autor especialmente adecuado para el humor de Garth Ennis.

Y si hablamos de humor tenemos que hablar de Preacher, lo cual nos lleva inexorablemente a Herr Starr, el gran villano de la serie. Parémonos un momento a pensar en el enorme reto de tener que dar vida a un personaje equivalente al Coyote del Correcaminos, que sufre derrotas y mutilaciones constantes como si de un running gag se tratase y que a pesar de todo siga resultando carismático y amenazante en todo momento. Dillon no solo lo logró, sino que a través de su juego de contrastes hizo de Herr Starr un antagonista inolvidable, capaz de hacernos pasar de la carcajada a la compasión en cuestión de segundos y protagonista absoluto de algunos de los momentos más divertidos que recuerdo haber leído en un tebeo, como el tridente de páginas donde el pobre Herr Starr intenta disimular la última humillación a la que fue sometido mediante una solución… eh… creativa.

PD: Una forma de entender la grandeza de Dillon, (y del cómic como medio único y con una capacidad de síntesis superior), es ver la nefasta adaptación de estas tres famosas páginas, que AMC hizo en la versión televisiva de Preacher.


Nacho MG

Intento fallido de hombre renacentista.

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