Con su entrada de lleno en el territorio mainstream via talonario de Netflix, Black Mirror alcanzó su mayor pico de popularidad ¿Las razones? Mayores valores de producción, grandes directores y actores procedentes de la gran pantalla, un marketing brillante y sobre todo, un episodio: San Junipero, que destacó sobre todos los demás de la tercera temporada y consiguió desviar la atención del más que obvio bajón que había sufrido la serie con respecto a su etapa en BBC. El caso es que la cuarta temporada, que llegó un año después, no solo elevó la calidad media, sino que también tuvo su propio San Junipero, en este caso Hang the DJ, el cual reconozco, es mi episodio favorito de la serie.

El planteamiento de Hang the DJ, arranca con una idea ya vista en docenas de obras de ciencia- ficción: en una sociedad distópica donde la elección de la pareja es determinada a través de un algoritmo infalible, dos individuos deciden ir contra el sistema, no sin antes pasar por un tedioso proceso de ensayo y error con otras parejas. La trama se presenta en un formato de drama romántico, con pinceladas de comedia y un climax dentro del canon Blackmirroriano más optimista… y nada más cómodo y satisfactorio para el espectador que un final feliz.

El caso es que detrás de esta solidísima estructura de probada eficacia hay algo que no termina de encajar, que invita a pensar que quizás estemos ante el episodio más retorcido de toda la serie: una trampa de tono amable pero contenido perverso.

El amor romántico es Matrix.

Conviene reflexionar sobre todo aquello que el episodio deja en un segundo plano y que solo podemos atisbar en escasas líneas de guión, como aquellas en las que los protagonistas no dejan de repetirse: ¿Otro candidato? ¿Tan rápido?. Nunca vemos otras facetas de sus vidas, no parecen tener un pasado previo ni un objetivo vital más allá de la búsqueda de la pareja y todo se reduce a esperar al siguiente candidato…

Llegados a este punto la cuestión es ¿debemos contentarnos con la explicación más superflua a nivel argumental (que todo era una simulación y el objetivo vital del software es únicamente, encontrar pareja) o Charlie Brooker intenta decirnos algo más? Bajo mi punto de vista Hang the DJ es un sutil artefacto que pretende desmontar una idea que llevamos arrastrando desde hace demasiadas generaciones: que solo podemos saciar nuestras necesidades afectivas y lograr la felicidad plena a través de la consecución del amor romántico definitivo.

Lo que hace Brooker es cuestionar la propia idea de pareja y si me apuras su consecuencia: la familia. Ambos conceptos que en actualidad se utilizan como herramienta de un statu quo que intenta autoperpetuarse (de ahí que sea una de las principales armas arrojadizas de los partidos políticos conservadores). Lo que se presenta como el acto de amor y compromiso definitivo, en el fondo sigue siendo un símbolo de estatus para una gran parte de la sociedad, que sobrevive gracias a las inercias de la imposición cultural y presión de un sistema que reduce paulatinamente tus privilegios si no juegas con sus reglas.

Nunca me cansaré de repetirlo: Black Mirror no habla de los peligros de las nuevas tecnologías, sino que satiriza el uso que hacemos de ellas. Por tanto, Hang the DJ no trata sobre su en el futuro será demasiado fácil encontrar a la pareja perfecta, sino de lo cerca que estamos todos nosotros de parecernos a las IA protagonistas de esta historia. De ser, en definitiva, un amasijo de ceros y unos condenados a repetir el mismo proceso una y otra vez sin tener la más mínima influencia en nuestro destino final, porque así es como esta programado todo el tinglado.

Esta es la segunda parte de una serie de artículos sobre Black Mirror. Puedes leer el primero aquí.

Nacho MG

Intento fallido de hombre renacentista.

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