Cómo gestionar una agencia de marketing: guía para CMOs

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Llevas años en esto. Eres un CMO, director de marketing o quizás un head of growth bregado en mil batallas. Has luchado con uñas y dientes por un presupuesto, has defendido una inversión en branding, sabes mejor que nadie como funciona un funnel y eres capaz de detectar al vuelo cuando un informe de analítica está lleno de métricas de vanidad. Y probablemente hayas firmado más de un contrato con una agencia de marketing pensando que con toda esa trayectoria no te la iba a colar.

Sin embargo, aquí estás. Intentando entender cómo gestionar una agencia de marketing, agotado de luchar con proveedores hasta el punto de que empiezas a pensar que el problema no es una agencia en concreto, sino que todas son así. Y hay algo de verdad en esto, pero sabes que no puedes eludir tu propia responsabilidad a la hora de elegir tu agencia de marketing y gestionarla.

En este texto intentaré explicarte las herramientas básicas para gestionar a tus proveedores, tanto poner límites como aprender a respetar los límites de ellos, con información desde dentro, de la mano de alguien que ha estado en los dos lados y conoce a la perfección cuales son las limitaciones de las agencias, donde suelen estar las fricciones y sobre todo: como evitar que todo acabe mal.

El principal error: contratar una agencia para dejar de pensar

Hay una fantasía muy extendida entre los CMOs que por fin consiguen presupuesto para externalizar: contratar una agencia es contratar tranquilidad. Acuerdas un presupuesto de marketing que encaja a ambas partes, firmas, te dan acceso a un dashboard bonito, y el marketing «se hace solo».

Ja-ja. NO.

La ausencia de un rol interno que supervise las acciones de la agencia y marque ciertas pautas es la receta perfecta para el desastre. Cuando un CMO contrata una agencia su rol pasa a transformarse de operativo a estratégico y debe establecer un marco de trabajo sólido para que esa relación funcione. De no hacer esto, cuando te quieras dar cuenta te quieres dar cuenta llevarás seis meses ejecutando la no-visión de un account manager de veintisiete años que gestiona otras doce cuentas en paralelo.

(De hecho lo más probable es que esa estrategia sea la misma para las doce cuentas, con algún pequeño ajuste aquí y allá).

Hay varios tipos de agencias: algunas se presentan como meros ejecutores, otras como partner estratégico, pero tu llevas las riendas del proyecto, otras te dirán que se ocupan de absolutamente todo, y el los tres casos, te van a decir «SÍ» a casi cualquier cosa que les reclames, porque la regla número uno es «Mantén a ese cliente a toda costa».

Pero la realidad, por muy atractiva que te la quieran vender, es que una agencia de marketing SIEMPRE va a ser un proveedor externo, con todo lo que ello implica.

¿Cuándo contratar a una agencia?

Antes de plantearte cómo gestionar una agencia de marketing, analicemos los tres posibles perfiles de CMO más habituales.

Posibilidad 1: Eres un «hombre orquesta» (o sea, un precario, asúmelo).

Clásico perfil al que la empresa infla el ego denominándolo «director» o «responsable». Pero en realidad no tiene equipo ni los recursos y falta cualificación. Caso típico de la pyme q ue decide «hacer marketing» sin presupuesto para montar un departamento de verdad: te piden que lleves redes, SEO, ads, email y contenido a la vez, y que además reportes resultados de negocio con la misma profundidad que tendría un equipo de cinco personas especializadas. Estás frustrado y estancado porque no hay horas ni especialización posible en una sola persona para cubrir todos los frentes. Aquí la agencia es la única forma de conseguir capacidad de ejecución especializada que tu estructura interna no te puede dar.

Posibilidad 2: Empiezas un proyecto desde cero

No hay histórico ni datos. Todo está por construir: posicionamiento, canales prioritarios, tono de marca, primeras hipótesis de captación. Es el escenario del lanzamiento, la marca nueva o el negocio que hasta ahora ha crecido sin ninguna estructura de marketing detrás. Aquí la agencia no llega a optimizar nada existente, sino a levantar la maquinaria desde cero: definir el mix de canales, montar la primera analítica, lanzar las primeras campañas y generar el primer volumen de datos con el que empezar a tomar decisiones.

Posibilidad 3: La agencia anterior no funciona

Este es el motivo más habitual por el que un CMO se sienta a buscar proveedor nuevo. El problema es que rara vez se hace el ejercicio de diagnóstico previo: ¿falló la agencia, faltó dirección desde dentro, o fue una combinación de ambos factores? Cambiar de proveedor sin entender qué salió mal exactamente es la manera más rápida de repetir el mismo error. Antes de firmar con la siguiente, vale la pena hacer una autopsia de la relación anterior: si el problema fue de briefing, de comunicación o expectativas mal calibradas.

El briefing es tu responsabilidad, no la de ellos

Hay una frase que se repite en todas las agencias, por lo bajini, después de la primera reunión con un cliente nuevo: «no saben lo que quieren».

Y muchas veces tienen razón: si el cliente no es capaz de establecer exactamente cuales son las necesidades y objetivos macro del proyecto, la dirección pasa a estar en manos de la agencia, que recordemos: como proveedor externo que es, no tiene la capacidad (y mucho menos al principio) de tomar decisiones estratégicas con una plena comprensión del negocio de su cliente.

Un briefing vago genera trabajo vago en el mejor de los casos, y trabajo erróneo y destructivo en el peor. Así que antes de la primera reunión operativa, tienes que haber resuelto por escrito cuatro cosas: el objetivo de negocio detrás de cada acción de marketing, las métricas de éxito innegociables, los límites de posicionamiento de marca que la agencia no puede cruzar, y plazos de resultados a medio y largo plazo.

Consultores y perfiles tipo fractional CMO

Hazte la siguiente pregunta y responde de forma sincera. ¿Tienes la capacidad y los recursos para hacer un briefing riguroso con un planteamiento estratégico sólido?

Si no tienes la experiencia para responder a esas cuatro preguntas antes de firmar, necesitas orientación externa o te encontrarás quemando presupuesto mes a mes hasta que te des cuenta de que habéis empezado con mal pie.

Afortunadamente existen perfiles de apoyo que pueden ayudarte.

Cuidado: ninguno de los tres sustituye un responsable de departamento in house que reporte directamente al CEO, así que el objetivo de estos roles siempre debe ser temporal (hasta que se produzca una contratación o haya los recursos suficientes para iniciar el proceso) o de apoyo a un CMO interno que no llega a todo.

¿A quién tienes realmente enfrente?

Esto es lo que ocurre en la primera reunión con casi cualquier agencia: aparecen los fundadores o los directores senior, te hacen un pitch impecable, hay química, hay casos de éxito impresionantes, hay un deck con un branding brutal. Firmas sin pestañear.

Al día siguiente, tu cuenta la gestiona un account que lleva ocho meses en la empresa.

No es una crítica al perfil junior per se (todos hemos sido juniors y hay juniors muy competentes), sino una advertencia sobre el modelo tramposo de muchas agencias. Venden seniority, pero lo que entregan es… otra cosa. Las mejores agencias tienen juniors también, pero los supervisan de verdad.

Por eso, como CMO, tienes que hacerte tres preguntas antes de firmar cualquier contrato.

  • Primera: ¿Quién va a tocar mi cuenta día a día, cuántos otros proyectos lleva en paralelo y cuanto tiempo lleva trabajando en la agencia?
  • Segunda: ¿Con qué frecuencia tendrá contacto directo conmigo alguien con poder de decisión real dentro de la agencia?
  • Tercera: ¿Qué rotación tiene la agencia, qué ocurre con mi cuenta si esa persona se va y que protocolo tiene la agencia para minimizar esto?

Si no pueden responder con claridad y sin evasivas, ya tienes la respuesta.

El cachondeo de las métricas de vanidad y la diferencia entre medir y parecer que mides

Hay un tipo de informe mensual que las agencias mediocres han perfeccionado durante años. Está lleno de gráficos ascendentes, colorines y métricas que suenan bien: impresiones, alcance, engagement rate, seguidores nuevos. Todo tiene flechas verdes. Pero tu sigues facturando lo mismo que antes de que llegasen.

Como te decía antes, el primer trabajo de una agencia de marketing es aumentar el LTV del cliente con el mínimo esfuerzo. Dicho de otra forma: que el cliente siga un mes más. Esa es la métrica principal de la agencia, no que los números de su cliente salgan.

Por eso como CMO tienes la obligación de de anclar los objetivos de la empresa a métricas de negocio reales desde el primer día. Tasa de conversión por canal, coste por lead cualificado, pipeline generado atribuible a cada acción, retorno de la inversión publicitaria real. De hecho una señal de alarma que muy pocos CMOs detectan a tiempo es que te presenten las métricas solicitadas como una nota a pie de página, sin siquiera mencionarlas durante la presentación.

Lo más probable es que las cosas no van bien.

La gestión del día a día: ni esclavo ni fantasma

¿Pensabas que sólo iba a meterle caña a las agencias? No. Hablemos de esos dos arquetipos de CMO que suelen boicotear sistemáticamente el trabajo de una agencia decente, y que paradójicamente suele llevarles a obtener los peores resultados.

  1. CMO-fantasma. Aprueba el contrato, desaparece durante semanas, y reaparece enfadado porque «las cosas no avanzan». La agencia no puede leer su mente ni adivinar los cambios de estrategia que ha tomado internamente sin comunicárselos.
  2. CMO-microgestor. Revisa cada copy, cuestiona cada píxel, convoca reuniones para hablar de lo que se habló en la última reunión y básicamente está haciendo el trabajo de la agencia desde dentro porque no confía en nadie.

Estos son dos casos clarísimos de falta de liderazgo.

Resolverlo pasa por definir una comunicación estructurada y un marco de trabajo que genere confianza a ambas partes. Agenda clara y predecible, pocos canales bien definidos, reuniones cortas y decisiones que se toman en la propia reunión. Un check semanal de no más de treinta minutos para revisar métricas y desbloquear lo que esté bloqueado. Una revisión mensual más profunda orientada a estrategia.

El resto del tiempo, deja a la agencia trabajar.

Cuándo echar a una agencia (y cómo hacerlo bien)

Cuando una colaboración entre proveedores no funciona hay señales que son inequívocas y que muchos CMOs ignoran más tiempo del razonable: cambiar de agencia da pereza, cuesta -más- dinero y sobre todo, implica admitir que te equivocaste.

  • Cuando los plazos se incumplen de forma sistemática sin consecuencias ni autocrítica real.
  • Cuando los informes son bonitos pero no eres capaz de vincularlo las acciones de la agencia con el comportamiento del negocio.
  • Cuando se atribuyen éxitos que no tienen nada que ver con su trabajo porque son incapaces de encontrar algo a lo que aferrarse que de verdad sea consecuencia de sus acciones.
  • Cuando no tienes acceso de administrador a tus propias plataformas.
  • Cuando el equipo que ejecuta tu cuenta ha rotado completamente en menos de un año sin que nadie te lo haya explicado con transparencia.

Cuando pase esto: vete y hazlo bien.

Exige antes de firmar la rescisión que te entreguen acceso completo a todas las plataformas, histórico de campañas, documentación de lo que está en curso y credenciales de todo el ecosistema digital que hayan construido o gestionado.

Hay agencias que en ese momento se vuelven muy poco colaboradoras. Eso también te dice todo lo que necesitas saber sobre cómo te han tratado el resto del tiempo.

Framework: cómo gestionar tu agencia mes a mes

ÁreaQué debes hacer tú (CMO)Qué debe hacer la agenciaSeñal de alarma
Briefing y objetivosDefinir KPIs de negocio antes de la primera reunión operativaTraducirlos en plan de acción con plazos realesTe piden empezar sin objetivos claros
Equipo asignadoExigir nombre, CV y carga de trabajo de quien ejecuta tu cuentaPresentar al equipo real, no solo al que vendeNo saben decirte quién lleva tu cuenta día a día
ReportingRechazar métricas de vanidad, pedir trazabilidad a negocioEntregar informes con CPL, conversión y ROI realesLos informes suben pero el negocio no se mueve
ComunicaciónFijar canales, frecuencia y formato desde el día unoRespetar esa estructura y escalar problemas antes de que explotenReuniones constantes sin decisiones, mails kilométricos con excusas
PlazosValidar que los deadlines son realistas antes de aprobarlosCumplirlos o avisar con antelación si hay riesgo de desviaciónIncumplimientos sistemáticos sin autocrítica
Accesos y propiedadExigir admin de todas las plataformas desde el día unoEntregar y documentar todos los accesos sin resistenciaCualquier excusa para no darte acceso completo
Revisión estratégicaReunión mensual de fondo para evaluar si la dirección sigue siendo válidaLlegar con propuestas, no solo con datos del mes anteriorLa agencia solo ejecuta, nunca propone ni cuestiona
Salida y transiciónNegociar condiciones de rescisión antes de firmarGarantizar entrega ordenada de todo el ecosistema digitalBloqueos, retrasos o pérdida de información al salir

Un pequeño retrato de una relación CMO – Agencia de funciona.

Un CMO que sabe gestionar una agencia de marketing es un perfil con un profundo conocimiento de su empresa, pero que es consciente de que no lo sabe todo. Sobre toodo se centra en lo importante: saber que debe delegar y qué no. La mayoría de las veces delega ejecución y discute intensamente la estrategia. Habla el idioma de la agencia sin confundirse con ella, exige resultados con la misma naturalidad con que acepta cuando algo no funciona y hay que pivotar sin invertir tiempo en buscar culpables. Entiende que una agencia buena no es barata y que una agencia barata raramente es buena, y ha hecho ese cálculo antes de firmar.

Sobre todo, entiende que la agencia es un partner, no un proveedor al uso al que apretar diariamente. Eso no significa que tenga menos exigencia. Le da información real sobre el negocio, le cuenta qué está pasando internamente, le avisa cuando hay cambios de dirección. Y a cambio, exige lo mismo: transparencia, proactividad y la honestidad de decirle cuando algo no está funcionando antes de que aparezca en los números.

Esto sucede, pero no es la norma. Por eso cuando ocurre, el marketing deja de ser un coste de estructura y empieza a parecerse a lo que siempre debió ser: una ventaja competitiva.

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