El Xokas, Burger King y la estética de la charca

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Según Valle-Inclán, el esperpento más que una simple caricatura, es un espejo cóncavo que nos devuelve una imagen grotesca. El Xokas, por su parte, es un esperpento donde lo grotesco es lo bien que refleja las patologías de esta era de los algoritmos que nos ha tocado vivir.

  • Individualismo llevado hasta la patología mental.
  • La jaula de oro como objetivo vital definitivo.
  • Inseguridad desbocada que empuja a una constante necesidad de validación externa.
  • Crítica destructiva a lo ajeno para disfrazar la ausencia absoluta de talento.
  • Cero contrato moral con la audiencia.

Sobre esto último. Un creador con contrato moral entiende que la atención que recibe es un préstamo y que al aceptarlo asume una responsabilidad hacia la audiencia que le obliga a desarrollar más su criterio y su oficio (los que vivimos con un síndrome del impostor permanente sabemos bien que implica esto). En cambio, cuando no hay contrato moral, el creador carece de agencia y su única función es alimentar al monstruo de la atención. El Xokas y el resto de creadores de contenido que siguen ese patrón suelen empezar alimentando al monstruo con algún pequeño talento que les ha hecho destacar, pero pronto se cansan y empiezan a alimentar al monstruo con gasolina: provocación, el conflicto, odio y el desprecio a lo ajeno.

Suelen defenderse argumentando que es su «falta de filtro y ausencia de corrección política» lo que les ha llevado hasta ahí. La realidad es exactamente la contraria: la necesidad de atención les ha convertido en peores personas. Porque la economía de la atención, en su versión más degradada, usa la violencia como moneda de curso legal.

El Xokas es y siempre ha sido sinónimo de mediocridad y miseria. Un tipo de personaje que no tiene nada de nuevo -la televisión lleva décadas fabricándolos- pero el streaming ha acelerado el ciclo. Solo es cuestión de tiempo hasta que la audiencia se canse de El Xokas y se convierta en otro juguete roto.

Burger King cancela a El Xokas: el enésimo caso de branding hipócrita

burger king cancela a el xokas

La existencia de El Xokas no me preocupa demasiado. Se le ignora y ya está (aunque no lo ponen fácil, especialmente cuando hay políticos y tertulianos que lo devuelven constantemente al debate público con la intención de rascar visibilidad).

En cambio, el artificio del movimiento de Burger King cancelando su colaboración me irrita de sobremanera. No hay que ser el pensador más sagaz para imaginarse la reunión en la que decidieron asociar su imagen con la de El Xokas en todo el territorio nacional y crear un producto con su nombre. Sabían perfectamente a lo que estaban jugando cuando le soltaron una tonelada de billetes a un bocazas sin el más mínimo autocontrol.

  • Asumían un riesgo controlado.
  • La campaña permaneció activa durante meses mientras El Xokas ampliaba su historial de polémicas.
  • Cuando la campaña está más que rentabilizada y su protegido comete el pecado de usar el nombre de la marca que patrocina en un contexto viral de violencia verbal, entonces y sólo entonces, Burger King se desvincula de su protegido. ¡Jugada maestra!

El comunicado de Burger King es, una performance más dentro de esa economía de la atención.

El Xokas comiendo una Whopper en la soledad de su piso de influencer, delante de medio millón de espectadores, con una bolsa de Doritos vacía en el suelo, una lata de Monster derramada en el sillón y un grasiento mando de la PS5 sobre la mesa.

El fichaje de El Xokas es totalmente coherente con el posicionamiento de Burger King en España.

El branding de la franquicia de comida rápida lleva años siendo populista hasta el extremo, conscientemente cutre, amarrando contratos y patrocinios con celebridades de la Generación Z cuyo único logro es la popularidad y nada más. Es pura estrategia de diferenciación calculada desde los despachos.

Tampoco se puede decir que tengan otra opción: Burger King desde siempre ha jugado en los escasos márgenes que le deja su competencia directa. Renuncian a competir, así que no tienen otro remedio que ser la charca, ese lugar donde la mediocridad humana se reboza instintivamente. Una marca que aspira a ser la charca necesita, por pura lógica de posicionamiento, asociarse con los referentes de esa charca. El patrocinio es una transferencia de valores en ambas direcciones y Burger King va a El Xokas como la mosca a la mierda.

Por eso, cuando Burger King cancela a El Xokas, el comunicado sobre «nuestros valores» suena hipócrita hasta la nausea.

Porque el comportamiento del personaje era conocido y estaba, de facto, PRESUPUESTADO.


PD: Ilustro el texto con la imagen de la mejor campaña de Burger King en la última década: aquello sí fue audacia publicitaria y ganas de epatar a la audiencia.

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